Reproducimos aquí el escrito del obispo diocesano con motivo de llegada de la Cruz de Lampedusa a Mondoñedo-Ferrol
(del 1 al 28 de diciembre de 2021)



En Mondoñedo-Ferrol, a 29 de noviembre de 2021

El próximo miércoles viene a nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol la Cruz de Lampedusa. Hasta el día 28 de diciembre visitará las diferentes parroquias, monasterios, colegios, instituciones… de nuestra geografía diocesana. Su presencia entre nosotros es una auténtica gracia por lo que significa de ayuda para despertarnos y acoger el dolor de nuestro mundo. Y lo hace en este tiempo privilegiado del Adviento como preparación a la Navidad.

Sin duda que todos sabéis que la Cruz de Lampedusa está hecha con la madera de una de las barcazas que naufragó junto a esa isla italiana en octubre de 2013. En ella perecieron cerca de 360 inmigrantes que buscaban el paso a Europa. De esa manera, en ese leño se unen sacramentalmente la cruz y los crucificados, en ese misterio del dolor que Cristo ha redimido y acogido.

La visita de esta cruz a nuestra diócesis puede convertirse en una auténtica gracia en este proceso sinodal en el que nos encontramos. Lo es porque nos ayuda a escuchar y descubrir el drama de la emigración que hoy afecta a tantos hermanos nuestros. Su salida de sus lugares de origen no se debe a razones secundarias, sino que es provocada por el drama del hambre y de un futuro sin esperanza. Como en otro tiempo hicieron nuestros mayores, y como en el presente tienen que hacer tantos de nuestros jóvenes aunque sea una emigración mayoritariamente interior, salen en la búsqueda de garantizar unas condiciones de vida digna. Y lo hacen tras un proceso dramático, no exento de enormes dificultades, superando el gran cementerio en el que hemos convertido las fronteras, y abocándose a dificultades de integración en las sociedades de acogida.

Esta cruz nos une con esas cruces que hoy coexisten con nosotros y a las que hemos de saber venerar. Por eso, es hermoso que su presencia en nuestra Iglesia coincida con el tiempo del Adviento, donde nos preparamos para acoger a Aquel que viene. Tocar esa cruz, nos debe de llevar, por tanto, a acoger, proteger, promover e integrar, los verbos que el papa Francisco conjuga cuando hablamos de la emigración.

El tiempo de Adviento nos abre a la esperanza de un tiempo nuevo. Ese mundo nuevo que Cristo ha inaugurado, donde la fraternidad se hace realidad desde la certeza de una Paternidad grande de Dios. La migración, lejos de convertirse en un problema, se descubre como una oportunidad: la de crecer y desarrollarnos desde la interculturalidad de nuestras sociedades y de nuestra propia Iglesia.

Os invito a acercaros a rezar unos momentos delante de esta cruz: a contemplar en ella el amor de Dios que siempre nos supera sin merecerlo; a agradecer el don de la vida, de la familia y de las amistades que nos rodean; a pedir por un mundo donde la justicia se haga presente; a orar por nuestros hermanos migrantes, que enriquecen nuestras sociedades; a descubrir el rostro de tantos crucificados de nuestro mundo que nos interpelan; a pedir perdón por nuestra atrofia y anestesia ante los dramas que nos rodean; a pedir la fuerza y el compromiso de la auténtica caridad cristiana…

Estoy seguro que durante estos días, en las diferentes parroquias, colegios católicos, unidades de pastoral, congregaciones religiosas, arciprestazgos se organizarán para posibilitar momentos de oración personal y comunitaria en torno a esta cruz. Sin duda que será la mejor preparación para convertirnos en una Iglesia que acoge y escucha, para hacer realidad la Navidad del Señor.


Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferrol