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Embajador de España ante la Santa Sede D. Francisco Vázquez

Todas las personas guardamos en nuestros pensamientos un espacio intimo donde se agolpan aquellos recuerdos y vivencias,  que a lo largo de nuestras vidas, mayor placer nos han ocasionado o más han influido en nuestra existencia. En ese ámbito reservado de mi espíritu, la ciudad de El Ferrol ocupa un lugar preeminente, vinculada al inicio de mi actividad profesional como Inspector de Trabajo en los ya lejanos años Setenta, cuando aquel escenario de lucha política y compromiso social que era Ferrol, hizo que mis ideas y mis valores se plasmaran en el nacimiento de una vocación política que me ha acompañado hasta hoy.
Ferrol fue mi punto de partida y los ejemplos personales que aquí conocí y los acontecimientos que aquí compartí determinaron para siempre la esencia y el contenido de mi discurso político.

Vengo por tanto feliz y contento sintiéndome como en mi propia casa y, permítanme decirles, como un ferrolano más.

Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo.
Excelentísimas e ilustrísimas Autoridades.
Querido Alcalde, Querido Presidente de la Diputación.
Querida Presidenta de la Coordinadora de Cofradías.
Dignísimos representaciones, Señores y Señoras.

Agradezco el gran honor que sé me ha dispensado de ser el Pregonero de la Semana Santa de Ferrol de 2009. A quien como yo que fue durante tantos años Alcalde, el oficio de Pregonero no le resulta ajeno y hoy vengo con la voluntad de anunciar y de proclamar las excelencias de esta Semana Santa de El Ferrol, que ha sabido guardar en los pasos de los siglos las tradiciones, devociones y piedades de nuestros antepasados, logrando gracias al trabajo desinteresado de las Cofradías, que El Ferrol sea un referente dentro de la Semana Santa española y sin duda alguna conteniendo las mejores procesiones y los mejores Pasos de todas las celebraciones que se efectúan por estas fechas aquí en Galicia.

La Semana Santa es el tiempo litúrgico en el que mejor se expresa la capacidad creativa del hombre. La oración, el culto, toman lo mejor de la pintura, de la escultura, de la música, de la prosa y del verso, manifestándose incluso en los estilos propios de estas celebraciones como son los pasos y la imaginería barroca de las procesiones que recogen el dramatismo de las escenas de los últimos días del Señor.

Nuestra cultura y nuestra civilización no se pueden entender  sin la aportación que desde la fe, las personas han expresado a través de todas las artes. Las tablas de los primitivos flamencos o italianos, el dramatismo oscuro de la pintura de Caravaggio, la intensidad con que Velásquez pinta su Cristo o la Piedad tallada en piedra por Miguel Ángel son, además de obras maestras del arte medieval, fiel expresión de las raíces cristianas sobre las que se asienta el devenir de nuestra Historia.

Posiblemente la más hermosa de estas manifestaciones del genio artístico de los hombres, sea la oración cantada a través de la música y hoy en El Ferrol en este mismo acto, tendremos la ocasión de comprobarlo al escuchar al Coro de Cámara de la Academia romana y a los Cantores de San Pedro del Vaticano, que es tanto como decir que ha sido el músico de los Papas y el orgullo de los españoles que vivimos en Roma.

En las calles de El Ferrol, la Semana Santa se escenifica en las tallas bellísimas de sus Cofradías; en iglesias y museos, tablas y cuadros nos representan todo el relato evangélico de la Pasión; pero además, como escucharemos después, cada momento de la Pasión de Jesús, no sólo puede ser relatado en verso o en prosa, rezado o meditado, sino además cantado en músicas creadas por la mayores genios de la música universal, en  una incomparable procesión de voces, capaz de emocionar al espíritu mas insensible. San Agustín: “Quien canta bien reza dos veces”.

Desde Roma venimos Pregoneroy Cantores, en la misma voluntad de rendir homenaje al Señor en uno de los momentos más importantes de su Vida y que con más devoción hemos conservado los cristianos, como es el tiempo de Pasión.

La piedad sencilla de las gentes comunes las llevó a honrar a su Dios con la misma naturalidad que en las vidas de las personas celebramos su venida al mundo o lloramos su fallecimiento, acompañando en uno y otro caso a su familia y sus deudos, compartiendo con ellos tristeza y alegría.

Dice la tradición que en las tierras de Italia, fue mi santo patrono San Francisco de Asís, el primero que creó un pequeño nacimiento dando lugar a una tradición que ha permitido a las familias cristianas recrear en sus propios hogares el misterio de la Navidad, acompañando su oración con los villancicos y emulando las ofrendas humildes de los pastores y las dádivas de los Reyes de Oriente con la fiesta y los regalos para los niños.

En las celebraciones de la Semana Santa por el contrario, su culto desde el principio ha tenido siempre una naturaleza más pública y comunal. La pasión y muerte de Nuestro Señor se ha representado colectivamente y de forma principal en el mismo escenario en que la sufrió Jesús, en la calle, con una vertiente penitencial a la vez expiatoria y solidaria con los tremendos sufrimientos padecidos por Jesús.

Como casi siempre pasa en todo los acontecimientos que tienen sus raíces en las costumbres y tradiciones populares, Galicia no es ajena al nacimiento de los cultos de la Semana Santa, tal como hoy los conocemos. La historia nos relata que el rito y la liturgia de la Pasión nacieron en el mismo escenario en el que Jesús vivió, predicó y murió, Las comunidades cristianas de Tierra Santa oficiaban en los Santos Lugares los cultos que recordaban la Pasión de Jesús y es precisamente una monja por unos llamada Egeria y por otros Experia, intrépida viajera que allá por el siglo IV viajó por Constantinopla, Tierra Santa, el Sinai e incluso Egipto dejándonos un libro llamado “Itinerarium” donde nos relata todas las vivencias y experiencias de aquel viaje para el que utilizó la Biblia como guía. Siguiendo el Sagrado texto visito los Santos Lugares, haciendo un relato minucioso y detallado de las funciones religiosas y litúrgicas a las que asistía en Jerusalén y otros lugares, permitiéndonos así conocer como los cristianos de Tierra Santa, presididos por su Obispo Patriarca, revivían en los tiempos de Pascua la Pasión de nuestro Señor, recordándola en los mismos escenarios evangélicos, siguiendo el mismo camino por el que desde Getsemani hasta Gólgota, Jesús padeció, por las calles de Jerusalén, recorriendo la Vía Dolorosa para culminar la procesión en el rito de la adoración de la Santa Cruz en la Basílica constantiniana del Santo Sepulcro.

El relato de Egeria servio de orientación para que en Occidente a los cultos ya existentes se incorporasen las costumbres y liturgias de Oriente, para así recordar con el mayor realismo los padecimientos del Señor.

Junto a la gallega Egeria, otra mujer, la Emperatriz Santa Elena, madre del Emperador Constantino, ayudó mucho a darle entidad a las celebraciones de Semana Santa. Cristiana devotísima viajó hasta los Santos Lugares y trajo a Roma una impresionante colección de reliquias que la tradición vinculaba a Cristo, entre ellas trozos de la “Vera Cruz” que siglos después marcarían en su culto la creación de las primeras cofradías de penitentes como es el caso de muchas de las ciudades españolas.

Gran numero de reliquias que Santa Elena se trajo de Jerusalén, tales como las espinas de la corona, un clavo de la crucifixión o el letrero de la Cruz, se hallan hoy depositados en una de las siete Basílicas Menores de Roma, la que precisamente llevo el nombre de “Santa Cruz .

No quisiera en este punto dejar de resaltar el hecho de que sean precisamente mujeres las que con sus libros y relatos de viajes, en aquellos tiempos oscuros de los albores del cristianismo, nos han permitido conocer los itinerarios santos de la vida de Jesús y la liturgia que lo honraba. Sirvan como ejemplo, además de la monja gallega Expedia o Santa Elena, los nombre de otros dos monjas de origen español llamadas Melania la Mayor y Melania la Menor, fundadoras de monasterios y que en Tierra Santa crearon el más importante de todos, el del Huerto de los Olivos, fundación que ha permitido conservar hasta hoy uno de los lugares santos más importantes de la tradición cristiana.

La Semana Santa, al igual que la Navidad, nace de la devoción popular, que se aleja de la rigidez de los oficios litúrgicos oficiados en latín y que, celebrados por el clero en iglesias y catedrales, la más de las veces no alentaban ni la  piedad ni la devoción de la gente del pueblo. En Ferrol, al igual que en otras muchas ciudades de España, se reproducen los ritos de Tierra Santa a través de las procesiones, donde las imágenes, de una manera simple, nos recuerdan el relato evangélico del sufrimiento de Cristo. El Camino de la Vía Dolorosa de Jerusalén instaura la devoción del Vía Crucis, acto de fe que conforma un verdadero drama vivo que, entre otros, impulsó el creador del nacimiento, San Francisco de Asís que con su humildad y sencillez recreó las dos Pascuas, la del nacimiento y la de la resurrección. Al Vía Crucis se une pronto el llamado “Sermón de las Siete Palabras”, tradición curiosamente nacida en las tierras españolas de América, concretamente en la ciudad de Lima, donde fue predicado por vez primera por un jesuita llamado Padre Alonso María.

Todas estas devociones y tradiciones, junto  a la influencia de los cruzados que traen de Tierra Santa la memoria viva de los escenarios originales, hace que  a partir de la Edad Media la Semana Santa se establezca como la más importante de las fiestas del calendario cristiano y las celebraciones desembocan rápidamente en procesiones que rinden culto primero a las imágenes del Señor y de la Virgen y pronto desarrollan en las llamados Pasos, las escenas y las situaciones que reproducen cada uno de los principales momentos de la Pasión, convirtiéndose en un arte especifico la “imaginería” que  logra su apogeo en el barroco, escenificando desde el Domingo de Ramos hasta el de la Resurrección, todo el recorrido del Hijo de Dios en su semana de amor, donde nos da su propia vida dejándonos su Cuerpo en el Sacramento de la Eucaristía.

Dentro de Galicia, en Ferrol, esta devoción se manifiesta como en ningún otro lugar y sus cofradías fueron surgiendo en torno a iglesias y capillas pero también en  torno a los antiguos gremios, fundamentalmente los vinculados al mundo del mar: marineros, carpinteros de riberas, rederos, etc., que, en cofradías y hermandades, hacen expresión pública de su fe y a la vez dedican su propio tiempo y su propio dinero a la cantidad para ayudar a los más necesitados. Las primeras cofradías que surgen en Ferrol son esencialmente asistenciales, poniendo en valor el espíritu solidario y caritativo de las clases populares que, aunque con medios económicos más bien escasos, se organizan para exteriorizar su fe con la intención de asistir y atender a los más necesitados y olvidados, recogiendo así lo mejor de la enseñanza evangélica donde el amor a los demás es el mandamiento nuevo que Jesús nos lega.

No hay vestigios de cofradías penitenciales, sobre todo en su vertiente disciplinante, como son las llamadas de “sangre”, porque sus miembros se penitenciaban hasta el grado de producirse heridas que sangraban.

El asentamiento de la Semana Santa en Ferrol coincide con su transformación de villa de pescadores en  ciudad industrial. Las antiguas ermitas y capillas dan paso a las iglesias y hasta aquí vienen los franciscanos que establecen la Orden Tercera, institución impulsora de las primeras procesiones y de los primeros pasos de la Semana Santa ferrolana.

Procesiones y cofradías toman un auge y un relieve conservado hasta hoy y sin parangón en el resto de Galicia. Son las épocas brillantes de la ilustración, cuando aquí se crean los primeros astilleros, cuando el puerto se convierte en el mejor arsenal y abrigo de la Marina Española y cuando surge un casco urbano trazado de una manera modélica con la racionalidad propia de aquellos tiempos ilustrados, en los que Ferrol se trasforma en la principal de las grandes ciudades gallegas, iniciando un maridaje con la Marina Española, manteniendo a lo largo de los siglos hasta los tiempos actuales.

Distingue a la Semana Santa Ferrolana, la profunda devoción a la Virgen que se manifiesta en las diversas advocaciones y los múltiples pasos que presiden todas sus procesiones.

Desde el lunes santo hasta el domingo de resurrección, por las calles de El Ferrol desfila María, que con la mirada de sus ojos y la expresión de su rostro refleja la parte más dramatica de la Pasión, el infinito dolor que sufrió la Madre de Dios y las imágenes de vuestras cofradías recogen en los distintos monumentos de la Pasión, que tan bien supieron cantar los poetas españoles.

La Virgen Dolorosa, la del corazón atravesado por siete cuchillos que Gómez Manrique cantaba en los versos que decían:

“Y dolores tanto crudos

siete cuchillos agudos

traspasaron tus entrañas

los cuales si me das gracia

te querría

presentar Virgen María

sin falacia”

O la Virgen de la Amargura, aquella que como Madre y mujer despide Jesús en la Cruz, cuando Quevedo ponía en la hora del Señor estas coplas:

“Mujer, llama a su Madre cuando expira

porque el nombre de Madre regalado

no le añada un puñal, viendo clavado

a su Hijo y de Dios por que suspira”

La Virgen de las Angustias que encuentra a su hijo azotado y escarnecido y que Lope de Vega consolaba en la estrofa que así rimaba:

“!Ay divina madre suya!

Si ahora llegáis a verle

Es tan miserable estado

¿quién ha de haber que os consuele?”

O la Virgen de la Piedad, la que recibe muerto a su Hijo entre sus brazos, como la talló en mármol   Miguel Ángel en la Piedad del Vaticano y que cantó en verso el Príncipe de Esquilache:

“Sin alma el cuerpo, sin vivir la vida,

deshecha en sombras la mayor belleza

recibe entre su amor y su tristeza

la piedad de una Madre enternecida”

La Virgen de la Soledad, la que camina sola y por la que pocas mujeres derraman llanto como rimaba Blanco Belmonte al decir:

“Sin un sollozo, sin un gemido

muestra la frente, mudos los labios

como una imagen de eterna angustia

vuelve la madre desde el Calvario”

La Virgen estrella de los mares, aquí en Ferrol, más que en ningún otro lugar del mundo, “stella” y a la vez  “regina “”navis” la que glosaba en sus versos el inmortal Lope de Vega, cuando decía:

“Salve, del mar estrella,

 salve, madre sagrada

 de Dios y siempre Virgen,

 puerta del cielo Santa”.

Y no quisiera terminar esta pequeña oración que es un pregón, sin encomendarle a Nuestra Señora esta por mi tan querida ciudad de El Ferrol y en el templo de su Santo Patrono San  Julián, rogarle que siendo el trabajo y el esfuerzo, virtudes que desde siempre han caracterizado a esta ciudad, no falte en ella la esperanza y la ilusión del progreso fundado en el empleo estable y en un crecimiento material que ampare por igual a todas las familias, impulsando así una convivencia en la que la e espiritualidad y la fe de nuestros mayores, que vuestra incomparable Semana Santa y las Cofradías representan, sean la  esencia de vuestra condición de ciudad.
Que así sea. Muchas gracias.

 


by Bliss Drive Review