torrente

Almirante D. Francisco Torrente

Almirante D. Francisco José Torrente Sánchez

Me siento muy honrado por el enorme privilegio que me ha otorgado la Coordinadora de Cofradías, con el beneplácito del Obispado, al invitarme a pronunciar el Pregón de la Semana Santa Ferrolana de este año.

Me gustaría, en primer lugar, expresar mi agradecimiento al Sr. Obispo, a la Sra. Presidenta y a todos los miembros de la Coordinadora de Cofradías, por haber pensado en mí para hacer de pregonero, en lo que, sin duda, ha influido el afecto y la amistad que Meca Arcos me dispensa desde ya hace  muchos años.

Mi único merecimiento, aparte de ser ferrolano, es la admiración que siento por la forma tan solemne y brillante de conmemorar en nuestra ciudad la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, núcleo central de la fe cristiana.

Al aceptar la invitación, supe que cuando llegase el momento de hablarles iba a emocionarme. Hay momentos en que los sentimientos y las emociones son difíciles de embridar. Y este es uno de ellos.

Estoy emocionado:

  • Por estar aquí, dirigiéndome a ustedes y a todo Ferrol, para hablar de la Semana Santa, celebración que los ferrolanos llevamos muy arraigada dentro de nosotros y que yo he tenido la fortuna de poder vivir durante muchos años
  • Porque en esta Iglesia me bauticé y aunque he estado en ella en repetidas ocasiones, hoy se agolpan en mi memoria muchos recuerdos familiares, de mis seres queridos, especialmente de mis padres.
  • Porque estoy acostumbrado a ver la iglesia de San Julián como cualquier feligrés, sentado en uno de esos bancos mirando hacía el altar, y no como la veo ahora, desde una perspectiva que impresiona.
  • Y, finalmente, porque veo muchas caras conocidas que me hacen revivir momentos de mi vida que consideraba olvidados.

Quisiera empezar mis reflexiones diciendo que me siento orgulloso de la Semana Santa Ferrolana, tal y como se celebra hoy. Está llena de un profundo sentido religioso que hunde sus raíces en los tiempos en que Ferrol era tan solo una aldea de pescadores.

Es el resultado del esfuerzo y perseverancia con que generaciones y generaciones de ferrolanos han sabido transmitir a sus descendientes su fe religiosa. Hago votos para que también nosotros sepamos transmitírsela a nuestros hijos y nietos, en unos tiempos verdaderamente difíciles en términos religiosos en todas las sociedades del mundo.

Con este sólido punto de apoyo espiritual, en estos últimos quince años, desde que se fundó la Coordinadora de Cofradías, la Semana Santa Ferrolana se ha convertido en un faro que atrae a miles y miles de personas que vienen a Ferrol en pos de sus convicciones religiosas o para disfrutar de la enorme belleza y espectacularidad de nuestras procesiones.

Creo poder afirmar, sin temor a equivocarme, que sobre la Semana Santa Ferrolana se ha escrito todo lo importante en relación con su historia, su espléndido presente y su magnífico porvenir. Desde hace siete años, Ecce Homo, la revista oficial de la Coordinadora de Cofradías, recoge y populariza anualmente aspectos muy diversos de la riquísima realidad de nuestra Semana Santa e incluye una sección habitual dedicada a estudios históricos que nos ayuda a comprender su evolución

Me gustaría hacer una reflexión personal y exponer mi vivencia y primeros recuerdos sobre la Semana Santa, que se remontan al principio de los años cincuenta del siglo pasado. Al revisarlos, pronto comprendí que desde mi perspectiva de niño nunca me había cuestionado la forma en que en Ferrol se celebraba la Semana Santa, con sus actos litúrgicos en el interior de los templos y con las procesiones como expresión exterior y más popular del sentimiento religioso.

Aceptaba el hecho, sin más complicaciones. Y desde luego sin preguntarme como había surgido. Cualquier referencia a un tiempo anterior pertenecía a la Historia y parecía lejanísima. A mi entender, cualquier acontecimiento anterior a aquel presente infantil de nirvana feliz, se situaba poco menos que en la antigüedad. La Semana Santa sólo era el presente. ¡Que equivocado estaba! está íntima y plenamente integrada en la historia de Ferrol. En aras de la brevedad, y dando un salto de siglos, solo quiero señalar que durante este tiempo las celebraciones religiosas –y en nuestro caso, las de Semana Santa- siguieron los mismos altibajos que la vida de la ciudad.

Como Oficial de la Armada, no puedo dejar de resaltar la extraordinaria imbricación de la Armada con Ferrol y de Ferrol con la Armada a través de los siglos. Desde el siglo de la Ilustración la ciudad y, por tanto, también sus procesiones de Semana Santa se han visto influenciadas por los acontecimientos navales pero también por el enorme flujo de personas que procedentes de otros lugares de España, recalaron en Ferrol.

La verdad es que podemos ir tranquilamente hasta el siglo XX sin necesidad de contar nada realmente destacable. A principios de dicho siglo, la Semana Santa languidecía quizá como consecuencia de la influencia de las guerras de Cuba y Filipinas en la vida de la ciudad. Según el Almanaque de Ferrol que entonces se publicaba anualmente, en la Semana Santa de 1908, hace ahora exactamente un siglo, solo estaba previsto que salieran a la calle tres procesiones. Dos, el Viernes Santo, ambas desde San Julián: el Santo Entierro y la de la Soledad, la que hoy es de los Caladiños, que terminaba en Dolores. Otra, el Sábado Santo, también llamada de la Soledad, desde la Orden Tercera a la Parroquia castrense.

La verdadera transformación de la Semana Santa tiene lugar mediado el siglo XX. El embrión del gran cambio ocurre en 1940, año en que, según afirma José María López Ramón, también ex alcalde de Ferrol, nació el estilo actual de nuestra Semana Santa, con la aparición de media docena de capuchones en una de las procesiones de Dolores.

Sin embargo, no sería hasta el 18 de Abril de 1946, Jueves Santo, cuando, por primera vez el Cristo de la Misericordia sale de la iglesia de Dolores, acompañado exclusivamente por ciento treinta cofrades, ataviados con hábitos de color oscuro y el rostro cubierto por capirotes. Esta procesión dio un giro radical a la forma en que se venían celebrando las procesiones desde hacia siglos. Desde entonces, el número de cofrades no ha hecho más que crecer y también el número de tercios dedicados a diferentes adoraciones.

Había nacido una nueva era. El cambio se debió a los anhelos de Demetrio Casares y de un grupo reducido de colaboradores que pretendían darle a las procesiones un nuevo sentido mucho más penitencial. En palabras del propio Demetrio Casares, se quería conseguir “una profunda renovación de las viejas costumbres, de los moldes hechos”.

Gonzalo Torrente Ballester piensa que la razón de la transformación de las viejas asociaciones, se debe a la influencia de los modelos del sur, andaluz y cartagenero, que cambiaron el concepto de la Semana Santa Ferrolana

Esta fue la Semana Santa que yo conocí en mi juventud, en la década de los años cincuenta.  Si he de ser sincero, la verdad es que el sentido de los actos litúrgicos que entonces se celebraban es el mismo con que se celebran los de ahora.

La gran diferencia estriba en que no había tantos ni se celebraban bajo las mismas circunstancias sociales, individuales o colectivas, pues la presencia de los organismos oficiales del Estado en todas las celebraciones religiosas era enorme.

Una de las imágenes que tengo más grabada en mi retina, es la de la visita a los Monumentos el día de Jueves Santo. Los miembros de las familias solían visitarlos juntos, padres e hijos, la familia al completo. Las mujeres iban ataviadas con velo y algunas incluso con mantilla. Las autoridades civiles y militares también visitaban los Monumentos y lo mismo hacían las unidades militares que llegaban en formación con sus mandos naturales al frente. Así, durante algunas horas de la tarde del Jueves Santo, Ferrol se convertía en un verdadero hervidero de personas que se trasladaban de unas iglesias a otras.

Las Fuerzas Armadas, Guardia Civil y Policía Nacional tenían una gran presencia en las celebraciones religiosas y participaban activamente en muchas de ellas. Algunos Monumentos eran escoltados por soldados y marineros. Aquí, en San Julián, el monumento estaba escoltado por tropas del Ejército de Tierra mientras que en San Francisco lo hacía la Armada. Todas las procesiones eran escoltadas por tropas y, en algunos pasos, los porteadores de las imágenes eran también militares.

Por supuesto, en las procesiones participaban las bandas militares de música, cornetas, tambores y timbales, de las que en aquellos momentos existían seis en Ferrol. A ellas hay que unir la banda de cornetas, tambores y gaitas de la Escuela de Aprendices de la Empresa Nacional Bazán.

Como se aprecia, aquella era una forma de vivir la Semana Santa muy distinta a la actual. Todo estaba muy dirigido y regulado mientras que hoy, por el contrario, se celebra desde un enfoque mucho más personal, con entera libertad para que cada uno la celebre o no de acuerdo con sus creencias religiosas o su agnosticismo.

La Semana Santa Ferrolana actual tiene también un sentido cultural y turístico que va más allá de lo estrictamente religioso. Se ha convertido en un multitudinario fenómeno social y económico. Cada año nos visitan ya más de 100.000 personas y se genera un movimiento económico que supera los 40 millones de euros, es decir, casi siete mil millones de las antiguas pesetas.

A mí personalmente esto no me parece nada mal. Al contrario, considero que puede ser muy bueno. Desde luego lo es para la ciudad en sí pero también puede serlo desde un punto de vista religioso. ¿Por qué negar que pueda ser bueno que muchas personas se acerquen a las celebraciones de la Semana Santa? Todas contemplan al menos por unos instantes la figura de Jesucristo y las representaciones de los misterios de su Pasión y piensan en los acontecimientos sucedidos en Jerusalén hace ya más de dos mil años. ¿Será ésta una nueva forma de los renglones torcidos de Dios?

Pero nuestra Semana Santa no solo obtiene reconocimiento fuera de Ferrol. Es todavía más importante la llamada que tiene sobre los propios ferrolanos. Este año, unos tres mil cofrades y porteadores de las cinco cofradías saldrán a la calle en veinticinco procesiones. Estas cifras solo son posibles desde la incorporación de la mujer a las cofradías y procesiones en plan de igualdad con los hombres. Todos son voluntarios, lo que, en una ciudad del tamaño de la nuestra, habla bien a las claras de la profundidad del sentimiento religioso, profundo o superficial, del compromiso y de la generosidad en el esfuerzo de los ferrolanos.

He querido hacer un breve recorrido por la evolución de las formas de celebrar la Semana Santa para recalcar la idea de que las tradiciones, las formas externas cambian con los tiempos al mismo ritmo con que evolucionan las sociedades y sus  costumbres. Pero el fondo, lo substantivo, permanece inalterable.
Lo que aquí nos ha reunido es la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo que, como dije al comienzo de mis palabras es la convicción nuclear de la fe Cristiana, el hecho que nos redime y nos da la esperanza de una vida nueva, más allá de nuestra muerte terrenal.
No tengo, ni mucho menos, las mejores dotes para describir con palabras esta idea central de la fe cristiana.  Por eso, he acudido al Magisterio del Papa Benedicto XVI, quien, en su primera encíclica “Deus Caritas Est”, al hablar de Jesucristo, afirma que “en su muerte en la cruz se entrega para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Es un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor”.
Permítanme finalizar diciendo una obviedad: en la Semana Santa Ferrolana hay un antes y un después desde la creación de la Coordinadora de Cofradías en 1993. En tan sólo quince años se hay producido una extraordinaria evolución, un desarrollo espectacular de nuestra Semana Santa.
Un desarrollo que se debe, sin duda, al trabajo en equipo, a la consideración de la Semana Santa Ferrolana como un todo armónico y equilibrado, superando así seculares iniciativas gremiales, parroquiales o de barrios. Hoy afrontamos el futuro unidos en la proyección de una vigorosa y espléndida Semana Santa Ferrolana.
Por eso me parece un deber de justicia reconocer y aplaudir el esfuerzo hecho por todas las cofradías para construir juntas una espléndida realidad sin perder un ápice de su carácter fundacional ni de la historia, tradiciones e idiosincrasia de cada una de ellas. Una realidad, única en Galicia, que ha sido reconocida como de interés turístico nacional y que aspira a verse reconocida a nivel internacional.
Señora Presidenta de la Coordinadora, Señores Hermanos Mayores de las Cofradías: estos son los denarios que la historia ha puesto en sus manos. Multiplíquenlos para que dentro de otros cien años quienes se sienten dónde están ustedes, y todos los ferrolanos les recuerden como hoy hemos hecho nosotros con nuestros antepasados,
Termino expresándoles mi reconocimiento y mi felicitación, extensiva a todos los miembros de las cofradías, con mis mejores deseos de éxito y mi compromiso personal de apoyo en todo cuánto esté en mi mano.


by Bliss Drive Review