Rosa López de los Reyes (Ferrol, 1964) llevaba toda la vida viendo la Semana Santa y siguiendo todas las procesiones, pero no fue hasta después de los 40 años cuando dió el paso y entró en la Cofradía de la Soledad. “Fue una vocación tardía”, reconoce. Y unos años después se sintió inmensamente afortunada al convertirse en portadora del Cristo de la Buena Muerte. Arrima el hombro en un tercio de portadores que, según subraya, “camina como una sola persona” y destierra la tristeza en las circunstancias actuales con una energía que contagia: “es un momento para la esperanza, para la solidaridad, para mirar hacia el futuro”.

_¿Cómo llegaste a la Semana Santa de Ferrol y a la Cofradía de la Soledad?

_Para mi la Semana Santa ha sido siempre, siempre superimportante. En mi familia no concebíamos la vida sin la Semana Santa, íbamos a todas las procesiones, a la Bendición de los ramos, a la Vigilia Pascual. Aunque es verdad que no formábamos parte de ella, la veíamos desde fuera. Pero hace ya muchos años, animada por el ejemplo de mi sobrino Jorge, que se hizo monaguillo del Tercio de San Pedro, decidí pertenecer a la Cofradía de la Soledad. Mi motivación para entrar fue el Cristo de la Buena Muerte que siempre ha tenido para mí un significado muy especial. Si tenía algún problema iba a la capilla de la Orden Tercera a rezarle y al verlo en la procesión del Martes Santo sentía una emoción especial. Empecé como capuchón y al cabo de algunos años, en 2017, la Cofradía decidió que el Cristo de la Buena Muerte saliese portado también por mujeres. ¡Fue una suerte enorme! Yo siempre decía que me encantaría llevar el Cristo, así que no lo dudé.

_Y desde el año pasado, también salen a hombros el Ecce Homo y la Virgen de la Soledad.

_Sí, este año es el décimo aniversario de que el Cristo de la Buena Muerte salga a hombros de portadores de la Cofradía, y ya desde hace un tiempo empezó a hablarse de si llevábamos a hombros también otras imágenes… y lo conseguimos. El año pasado sacamos el Ecce Homo y la Virgen de la Soledad.

_¿Cómo fue el estreno?

_Pues no fue fácil, pero somos un grupo muy unido. No hay individualismo y creo que lo más importante es que fue un trabajo de todos. Porque no es portar un día, la Semana Santa es un trabajo de todo al año, así que poco a poco, y con mucho sacrificio y mucho tesón, lo conseguimos. Nunca tiramos la toalla.

_¿Cómo es la experiencia de ponerse debajo del trono?

_Es una experiencia diferente. No vas pendiente de nada, es un momento en el que vas contigo mismo. Únicamente estás con tus compañeros, la sensación es de que todo el Tercio de Portadores del Cristo de la Buena Muerte somos una sola persona. Es algo así como hacer el Camino de Santiago… En la procesión del Miércoles Santo, que es de madrugada, hay una parte del recorrido que siempre hacemos solos, no hay nadie en las calles, es un momento muy especial. Vas tú, no hay nada más. Pero el momento más especial de toda la Semana Santa es cuando sacamos a hombros a nuestro Cristo. Para mí, ser portadora del Cristo es una suerte y un honor.

_¿Y físicamente? Es un gran esfuerzo…

_Pues no sé. Es que en esto te mueve otra fuerza. Sí, es verdad que cuando terminamos estamos cansados, quizá la procesión más dura es la del Domingo de Resurrección, porque son muchas horas… pero siento que seríamos capaces de mover una montaña.

_La suspensión de las procesiones de este año habrá sido una desilusión…

_Sí, pero no es momento de tristeza. Es momento de esperanza, de solidaridad, de mirar al futuro. Ahora se necesita el esfuerzo de todos para salir adelante. Y aunque no podamos salir, la Semana Santa camina en nuestro corazón. Esto no es algo que digo solo yo, creo que la Semana Santa la llevamos dentro todos los ferrolanos.